En apenas dos días Windows XP dice adiós, aunque no es una despedida definitiva. Es un hasta luego, tal y como se puede leer en una carta enviada por Microsoft a sus clientes.
Tras la lectura de la misiva electrónica me pregunto quién se puede beneficiar con la desaparición de XP y quiénes son los grandes perjudicados.
Respecto al último grupo, los perjudicados, la lista la encabezan los grandes fabricantes de ordenadores a quienes no se les venderán más licencias de XP desde Microsoft. Algunos de ellos (Dell y HP) han mostrado su malestar con respecto a Windows Vista. Pero su perjuicio no será demasiado grave ya que se acogen a una especie de componenda, denominada downgrade, por la que los fabricantes de ordenadores pueden ofrecer XP bajo una licencia de Vista, al tiempo que Microsoft se apunta una muesca a la culata de las ventas de Vista.
Otros posibles perjudicados pueden ser los desarrolladores a quienes tampoco les agrada el nuevo sistema operativo y que, a medio plazo, pueden verse abocados a crear aplicaciones para Windows Vista.
Los beneficiados, por el momento, son los fabricantes de equipos de marca blanca y de ordenadores de bajo coste, a quienes Microsoft les amplía el plazo para ofrecer PC con XP precargado hasta 2009 y 2010, respectivamente.
Los usuarios también sacan partido ya que Microsoft mantiene el soporte gratuito hasta abril del 2009.
Y la comunidad Linux también podría sacar tajada. ¿Cómo? Con iniciativas como las que comentaba hace poco, acercándose a los grandes fabricantes con alternativas reales y solventes (Ubuntu, OpenSUSE o Fedora) y captando a excelentes, aunque descontentos, desarrolladores.
El 30 de junio no se acabará el mundo porque Windows XP desaparezca, pero sí confío en que se establezcan las bases para que, a medio plazo, se inicie una pequeña revolución en el sector informático.
Espero que mi antiguo profesor de Redacción Periodística, José Julio Perlado, me perdone por el titular.

